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NUESTRA PRIMERA VISITA A KANGANAHALLI

Siempre había soñado en hacer algo como esto: Visitar un poblado en algún lugar del mundo y hacer pasar un día feliz a los niños que habitan en él. Suena bonito e idílico, pero convertir en realidad un “ramalazo humanitario” como este a veces no es tan sencillo, o eso pensaba.

Antes de que la vida nos trajera a India,  vi un programa llamado: Españoles por el mundo, Bangalore. Supongo que lo conocéis perfectamente. De ahí aprendí lo de”ramalazo humanitario”. Siempre suelo verlo antes de irme al país que nos toque para hacerme una idea de como es, las costumbres y lugares interesantes que visitar. En este programa salía una mujer, Sylvia, una sevillana con mil inquietudes explicaba que había creado una ONG en un lugar al norte de Bangalore, llamado Kanganahalli. Un día por casualidad paró en el pueblo y al ver como vivían los niños y sus habitantes, decidió que su destino la había llevado a ese lugar para brindar toda ayuda posible. Al principio los hombres del pueblo no se fiaban de ella, incluso llegaron a echarla en varias ocasiones, pero poco a poco Sylvia fue ganándose la confianza de todos, hasta ser para ellos su “salvadora”. Así es como todos la reciben ahora, con una sonrisa en sus rostros, con miles de besos y abrazos, como ella se merece por todo lo que ha aportado a los niños y a todas sus familias.

Su ONG se llama “Sunsita“, además de cubrir las necesidades básicas de la aldea,  actúan en el colegio ofreciendo clases de inglés a los niños y diversos talleres de arte y manualidades. Investigando descubrí que una chica española, Adriana, que su marido también había jugado en el equipo de Alberto la temporada pasada, había visitado el pueblo y había sido profe voluntaria de inglés en el cole. Sin duda contacté con ella y me dio la información necesaria para poder hablar con Sylvia. Así que sin dudarlo hablé con ella y organizamos una visita.

Nos vino a buscar un chófer que contratamos para ir hasta allí, teníamos casi dos horas de camino desde Bangalore a Kanganahalli. Róger nos esperaba en la puerta de los apartamentos a las 8 de la mañana. Esa semana era fiesta así que los niños no iban a estar en la escuela a nuestra llegada. Estaba nerviosa, pero tenía mucha curiosidad de ver todo aquello.

Fue llegar a Kanganahalli y más de veinte niños rodearon el coche, golpeaban las ventanillas con sonrisas y curiosidad. En seguida que nos bajamos del vehículo la alegría inundaba sus miradas y enternecía nuestros corazones. Nos preguntaban los nombres, empezamos a entablar conversaciones con todos. Miraban a Blanca, y la besaban. A nosotros también. Se palpaba amor en cada gesto e inocencia en cada mirada.

Pronto llegó Sylvia, su recibimiento fue apoteósico. Saludó a todos los niños que venían a abrazarla y besarla.

PINPINPINPINPINPINA los pocos minutos de llegar abrimos el maletero del coche, lo habíamos cargado de plátanos, galletas y globos. Sylvia tuvo que pedirles que hicieran una fila, porque venían todos de golpe, así que uno por uno empezamos a repartirles comida a todos. En esa semana sin colegio los niños jugaban solos por el pueblo, las madres seguían trabajando en el campo y muchos de los niños estarían sin comer en todo el día.PINPINPINPINBlanca también colaboró y repartió galletas para todos.PINLos hombres observaban con satisfacción todo lo que estaba aconteciendo.PINPINPINEnseguida que saqué mi cámara empezaron todos a pedirme fotos, creo que para cualquier fotógrafo eso era un sueño cumplido.PINPINPINPINTodos querían salir en las fotos, a veces hasta me costaba hacerlas puesto que se me acercaban tanto al objetivo que no podía ni enfocar. Todo sucedía rápido pero estuve atenta a sus expresiones para intentar captarlas de la mejor manera posible y no perderme nada.PINEse mismo día nos encontramos en el poblado con otro jugador del equipo de Alberto que también había ido a visitarles. Juntaron a los niños para jugar un partido de fútbol con ellos en la escuela del pueblo. No podían estar más contentos.PINPINPINPINPINSylvia nos llevó a una casa, subimos hasta la azotea y nos enseñó con orgullo el taller de costura que había creado con algunas mujeres del pueblo. Las más apañadas cosían con unas máquinas de coser de pedales, las de toda la vida, puesto que hasta ahí no llegaba la electricidad. Estas mujeres se reúnen cada día y crean bolsos preciosos, que cosen ellas mismas, pijamas para niños y algún accesorio más. Luego Sylvia se encarga de revisar todos los productos y los vende en diferentes puntos de la ciudad. También les ayuda con las cuentas para que ellas mismas puedan gestionarse los días que ella no está, aprendan a crear un negocio desde la nada y sean autosuficientes, se notaba que estaban encantadas y que con esto de la costura habían encontrado un nuevo camino en sus vidas. Blanca estuvo ayudándolas con los abalorios, fue un momento muy bonito.PINPINPINPINPINPINPINPINSylvia revisando las cuentas y los bolsos, ellas escuchaban atentamente. PINPINDe camino a la escuela pude ir captando momentos especiales con esa gente tan amable. Todos sonreían.PINPINPINPINPINBlanca estuvo pintando con los niños, luego todo me enseñaban sus obras de arte orgullosos.PINPINPINPINPINPINPINMi madre y mi suegra con las niñas que no paraban de pedirme fotos y luego Blanca muy bien rodeada con los niños que le regalaban flores y más flores.PINPINPINPINPINPINPINPINPINPINPINPINPINComo Alberto es deportista todos tenían curiosidad por saber como estaban sus abdominales, fue un momento muy divertido para todos.PINLos niños mayores posaban como si lo hubieran hecho toda la vida.PINPINPINPINPINPINPINPINPINEste niño no se despegaba de Alberto, lo seguía y abrazada a todas horas. Todo aquello nos hacía pensar que probablemente estos niños pasaban horas y horas solos mientras sus padres trabajaban en el campo, se notaba que tenían mucha falta de cariño, pero se les veía felices a nuestro lado.
PINPINPIN

Espero que os haya gustado nuestra experiencia en Kanganahalli, sin duda volveremos por que olvidar a estos niños resulta imposible. Desde el momento que llegué y los vi supe que tenía que volver.

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